Por Miguel Ujeda, Director Pedagógico ieducando

La mayor parte de instituciones educativas saben que en los próximos 5 años se juegan mucho. Algunas de ellas se lo juegan todo y puede incluso que desaparezcan. Otras, todavía muy seguras de su fortaleza no llegan a ver que “a todo cerdo le llega su San Martín” y que precisan de algo más que un buen nombre y unas curiosas instalaciones para que su propuesta de proyecto tenga sentido en un futuro.

Precisamente de eso va el futuro, de que las instituciones tengan sentido más allá de quién ostente su titularidad. Aunque siempre habrá espacio para instituciones que únicamente pretenden “cubrir el expediente” o que apliquen el rodillo del currículo con más pena que gloria, para sus estudiantes.   

A pesar de que existen numerosos referentes en el mundo y tendencias pedagógicas que por fin han llegado a tocar suelo y transformar escuelas, el proceso de cambio y transformación con fidelidad a la propia historia y al mismo tiempo con creatividad, no es en absoluto sencillo.

Entusiasmo no falta y gracias a que la mayor parte de instituciones cuentan con educadores que por lo general están muy vocacionados, no sólo hay voluntad de cambio, sino que hay mucha gente implicada en el mismo. Pero también es evidente que la mirada es a la arena, no al tendido y el esfuerzo se concentra a corto plazo; la mayor parte de educadores son hombres y mujeres de acción, sin embargo, ahora más que nunca hace falta educadores con visión y sentido pedagógico colectivo para poder proyectarse al futuro sin dejarse embaucar por los cantos de sirena del momento.

Uno de estos cantos es el de la innovación camuflada de dispositivos electrónicos. Muchos colegios confunden el tocino con la velocidad y a pesar del gran fracaso de la escuela 2.0, donde la fiebre del hierro colapsó el cerebro de algunos políticos en este país, se sigue creyendo que un dispositivo tecnológico casi por sí mismo trae consigo bajo el brazo el pan del cambio y la transformación educativas.

La fiebre del hierro es precisamente comenzar el proyecto por la concreción de la herramienta, en lugar de construir una visión. Es verdad que algunos sienten tal atracción por la marca de la herramienta en cuestión que casi estarían dispuestos a bordar su escudo en el uniforme escolar.

Sin embargo, aunque la tecnología es una de las piedras angulares de un proyecto educativo,  los que llevamos tiempo a vueltas con la tecnología en instituciones educativas, sabemos que el mejor dispositivo es el que permite hacer lo que deseamos molestando lo menos posible.

La invitación es a integrar lo que antes eran los proyectos TIC en el núcleo de la reflexión educativa y en la estructura de toma de decisiones de las organizaciones, no como recurso técnico, sino como parte del mismo.

Es una pena ver cómo algunos centros con un sólido proyecto y con una adecuada visión e integración de la tecnología, son frenados y casi penalizados por quien al final toma las decisiones, sin ningún criterio al respecto. Y hoy, es paralizante dirigir una institución tan compleja como un centro educativo si te da lo mismo a nivel tecnológico ocho que ochenta y la toma de decisiones en este ámbito es de oídas o en base a creencias más que a datos. 

Sin tecnología no es posible escalar la innovación, atender la diversidad del alumnado, mantener una buena comunicación con las familias, tractorar proyectos de aprendizaje cooperativo o aplicar metodología flipped classroom, por poner algunos ejemplos. Tampoco es posible democratizar los procesos de desarrollo profesional y las oportunidades de aprendizaje y centrar el foco en nuestros alumnos.  

Una buena solución es buscar ayuda fuera, aunque tengamos recursos dentro. Abrir las ventanas hace entrar un fresquito muy bueno para todos, aunque a veces sea algo incómodo. Aprovecha que la gente en educación suele ser generosa para compartir sus aprendizajes y que algunas empresas sí que apuestan por la educación de manera sincera. También es cierto que otras no dudan en sacar la billetera para “donar” recursos con tal de que les escojas a ellos o bien camuflan su interés férreo con discursos muy elaborados donde la tecnología cobra además tintes de privilegio. Y los privilegios de unos pocos estudiantes, no cambian la educación de todos.

Siempre pensaré que la mejor tecnología en educación es aquella que es abierta y flexible porque, ¿quién sabe la tecnología que necesitarán nuestros alumnos mañana?