por Bartomeu Castell, coordinador del proyecto a21 del Institut Joan Alcover

Un proyecto nace de las motivaciones y del consenso de los miembros de una comunidad. Nuestro proyecto a21 no es una excepción. Por un lado, un grupo de profesores manifiesta la necesidad de querer formarse para poder desarrollar aprendizajes basados en proyectos. Por otro lado, las familias exponen la posibilidad de introducir dispositivos digitales en el aula para facilitar el aprendizaje y la motivación de los alumnos. Y, finalmente, el equipo directivo muestra su obsesión constante para mejorar los canales de comunicación entre todos los estamentos de la comunidad. Con la confluencia de estas tres demandas se empiezan a esbozar los cimientos de un ambicioso proyecto que tiene un claro objetivo intrínseco: mejorar las metodologías de aprendizaje.

El objetivo subyacente

Aunque el objetivo intrínseco de mejorar las metodologías es común a muchos proyectos educativos, siempre existe una motivación importante que subyace debajo de esta. El objetivo subyacente debe ser siempre el leitmotiv de cualquier educador, ya sea la propia familia o los docentes de un centro: formar individuos que contribuyan a mejorar la sociedad. Pero, ¿qué clase de individuos necesita nuestra sociedad? Las respuestas pueden ser muy variadas pero, una vez se agrupan, se hace muy fácil llegar a unos puntos en común: individuos capaces de dialogar y llegar a acuerdos consensuados, capaces de trabajar en equipo y cooperar para fines comunes, capaces de mostrar respeto y ser críticos desde una perspectiva constructiva, capaces de crear y desarrollar nuevas vías para la mejora de la sociedad. A partir de estos ejes centrales comenzamos a redefinir las habilidades que queremos desarrollar entre los individuos de nuestra comunidad educativa, a la vez que empezamos a investigar las herramientas que encajan mejor en el desarrollo de estas competencias.

El resultado exponencial

Cada centro es una realidad única que exige unas actuaciones específicas ligadas directamente al contexto, dinámicas y peculiaridades propias. Existen centros de nueva creación que comienzan directamente con una filosofía metodológica concreta que los docentes que se incorporen tendrán que asumir. Existen otros con un perfil de alumnos más complicado que optan por metodologías innovadoras porque pueden ser un revulsivo y un punto de encuentro entre las demandas curriculares y los intereses del alumnado. Pero existen otros centros, como el nuestro, en que los buenos resultados académicos no cuestionan los procesos de aprendizaje. Es en estos centros donde una reformulación metodológica puede conseguir unos resultados exponenciales en el proceso de formación de los alumnos.

La democratización tecnológica

Es indiscutible que un cambio de herramienta no tiene porqué llevar asociado un cambio de metodología. Igualmente, se pueden utilizar metodologías de aprendizaje avanzadas sin necesidad de disponer de aplicaciones digitales. Ahora bien, introducir herramientas innovadoras pueden hacer replantear esquemas tradicionales. He aquí la clave del éxito de un proyecto como el a21. Utilizar nuevas aplicaciones, no significa poner una espada de Damocles exigiendo, a los docentes, cambios en su manera de enseñar. Todo lo contrario, con el cambio de herramientas los docentes pueden seguir utilizando las metodologías que han usado hasta la fecha, pero, es indudable que, mientras vayan incorporando estos nuevos instrumentos, irán abriendo el abanico de nuevas posibilidades que estas aplicaciones llevan insertadas en su propio ADN. Gracias a la democratización tecnológica que vivimos en este siglo, herramientas innovadoras que fomenten la creatividad, la comunicación y la cooperación están al alcance de cualquier centro educativo, independientemente de su capacidad económica. La plataforma de G Suite, que se ofrece gratuitamente en Google for Education, es una buena muestra y la opción que, después de estudiar minuciosamente todas las demás posibilidades, escogimos sin titubear.

Utilizar nuevas aplicaciones, no significa poner una espada de Damocles exigiendo, a los docentes, cambios en su manera de enseñar.

La financiación (im)posible

Naturalmente, para que estas herramientas se puedan utilizar son necesarios dispositivos conectados a Internet. Este es el punto donde hemos encontrado a muchos centros que tiran la toalla esgrimiendo que no disponen de presupuesto suficiente para afrontar la financiación de dispositivos para docentes, personal laboral y alumnos. Nada más lejos de la realidad. Simplemente es necesaria una redistribución de las partidas económicas que, sobre todo las familias, dedican a la compra de material, libros, taquillas, AMPA, libros de lectura, cuadernos… Cuando calculamos lo que gastan nuestros alumnos de bachillerato en material escolar diverso descubrimos que el 85% de los recursos económicos de las familias se destinan a libros de texto. En otras palabras, se destina la mayor parte de dinero a comprar unos recursos de carácter dogmático, de uso individual y de contenidos estáticos, mientras que el objetivo de nuestro proyecto es desarrollar la capacidad crítica, cooperativa y creativa utilizando unas herramientas polivalentes que se adapten a contextos reales de aprendizaje y que nos ofrezcan un acceso a diferentes fuentes que faciliten el contraste de la información. Y, en este punto, nos damos cuenta de la gran incongruencia. Por una parte exigimos a las familias que tengan un ordenador en casa y al centro que posea el máximo número de ordenadores en las aulas para tareas académicas (con la duplicidad de dispositivos que ello conlleva), pero, por otro lado, nos gastamos, prácticamente todo el presupuesto en libros de texto. Nuestra solución fue clara: disminuir la partida presupuestaria que se dedica a la compra de libros de texto. Con esta iniciativa se ha conseguido un triple objetivo: abaratamiento del gasto de las familias en material escolar (hasta un 50%), compra de un dispositivo por individuo (un Chromebook, en nuestro caso) y utilización de dinámicas metodológicas avanzadas (nuevos roles para alumnos y docentes).

El criterio de selección

Desde nuestro punto de vista, el ecosistema de G Suite es indudablemente la opción más versátil para los centros educativos. Desde un panel de control central se pueden controlar todos los usuarios y aplicaciones disponibles en el centro. Simple y eficaz. Los miembros de la comunidad educativa con un solo usuario y contraseña podrán acceder a todas las aplicaciones disponibles desde cualquier dispositivo conectado a Internet. Contrariamente a lo que pueda parecer, ligarse a la plataforma de Google no supone tener que utilizar dispositivos con sistemas operativos propietarios de la compañía. La apertura de la plataforma permite que cualquier usuario de Windows, MacOS, IOS, Linux, Chrome OS o Android pueda acceder a su nube y utilizar sus aplicaciones. Este factor nos dió la libertad necesaria para poder seleccionar el dispositivo digital que mejor se adaptara a las necesidades de los usuarios. La decisión de escoger el Chromebook en lugar del iPad fue tomada en base a los resultados de las encuestas que realizamos entre los usuarios. Fueron esclarecedoras. El 100% de los encuestados ya disponía de un dispositivo táctil con cámara en su bolsillo y el 100% de los alumnos y profesores preferían escribir en un teclado físico. El Chromebook fue la elección para dotar a todos los alumnos de bachillerato, a los profesores y al personal no docente.

El estándar de comunicación

Para que la aceptación y uso de estos estándares sea un éxito es imprescindible la formación, no solo de los profesores, sino de todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa.

Es totalmente imprescindible que en un proyecto de estas características se cuente con un estándar de comunicación compartido por toda la comunidad educativa que incluye alumnos, docentes, familias y personal no docente. No solo es necesario que se instauren unos canales de comunicación funcionales, modernos y conectados a contextos reales, sino que estas pasarelas de información sean utilizadas por la totalidad de los miembros de la comunidad. Para que la aceptación y uso de estos estándares sea un éxito es imprescindible la formación, no solo de los profesores, sino de todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa. Para ello es necesario que se establezca una formación base donde se aborden el uso del correo como herramienta principal de comunicación, la utilización de calendarios colectivos para la sincronización de eventos, la estandarización de un paquete ofimático utilizado por todos, el uso de un gestor de aula compartido por todo el equipo docente y la sincronización de todos estos materiales en la nube para que, de esta manera, estén disponibles en cualquier dispositivo. Una vez asumida esta formación inicial impartida con las metodologías que queremos llevar a la aula y adaptada a los diferentes ritmos de aprendizaje, las formaciones posteriores de refuerzo irán destinadas a resolver problemas concretos expuestos por los usuarios.

Una vez llegados a este punto del proceso habremos conseguido fortalecer los cimientos básicos sobre los cuales empezar a consolidar unas metodologías que sirvan para desarrollar unos aprendizajes reales, participativos y activos. De esta manera, nuestros alumnos adquirirán unas aptitudes, destrezas y competencias que ayuden a hacer realidad el objetivo subyacente al que todo proyecto educativo tendría que aspirar.