Por Javier Iñesta, Presales Engineer en Exclusive Networks

 

El Ministerio de Turismo, en su Directiva 1999/5/CE hace la siguiente aclaración acerca de las bandas de frecuencia (el Wi-Fi, en particular):

Los equipos wifi que operan en la banda de 2,4 GHz solo pueden ponerse en servicio si lo hacen en la banda de frecuencias de 2400 a 2483,5 MHz y la potencia máxima de salida no puede sobrepasar los 100 mW (miliwatios). El responsable de la puesta en el mercado de este tipo de dispositivos […], deberán garantizar que el equipo no sobrepase ni la potencia ni la banda de frecuencias de trabajo, establecidas en el CNAF. […]”.

Por sus características físicas, la frecuencia inalámbrica que más se usaba, en los comienzos del uso de redes inalámbrica, era la de 2.4 GHz, ya que tiene una gran dispersión y capacidad para atravesar materiales, pero con una velocidad no demasiado elevada. Además, la banda de 2.4 GHz no es una banda licenciada para uso exclusivo de Wi-Fi.

Unos años más tarde, se normalizó el uso de la frecuencia de 5GHz, que dotó de mejores prestaciones y de una porción del espectro radioeléctrico reservado para las transmisiones inalámbricas de corto y medio alcance.

La popularización en el uso de estas dos bandas no ha llegado exenta de polémica. Algunos colectivos de padres se han puesto en pie de guerra debido a que estaban observando el crecimiento de problemas de salud infantil en niños con edades comprendidas entre los 6 y los 16 años, tales como: problemas de sueño, dolores de cabeza, hipersensibilidad electromagnética…Todos ellos, síntomas sin ningún nexo en común.

Como es imaginable, esto ha causado gran revuelo en la comunidad educativa, ya que la mayoría de los nuevos programas educativos se apoyan en la tecnología, y la forma más eficaz de impartir las clases es a través de las nuevas herramientas audiovisuales.

En mayor o menor medida, estas nuevas herramientas se apoyan en tecnologías de comunicaciones para obtener los contenidos desde Internet (según las últimas encuestas, la práctica totalidad de colegios públicos y privados en España tienen conexión a Internet, de mayor o menor velocidad).

Las plataformas que están detrás de estos movimientos se escudan en estudios y documentos de investigación relativos a las radiaciones de bandas de menor frecuencia, tales como la telefonía móvil, o las microondas, provocando una mala información sobre los efectos nocivos de cualquier tipo de radiación.

 

Gráfico 1. Tipos de radiación

Fuente: https://www.educ.ar

Fuente: https://www.educ.ar

En el gráfico 1 se observa los diferentes tipos de radiación, las frecuencias que se manejan en ellas, y ciertos elementos de uso común en nuestra vida diaria.

Podemos ver que hay dos tipos de radiaciones: las ionizantes y las no-ionizantes. Convivimos a diario con radiaciones en frecuencias muy bajas (del orden de los Hercios) como las torres de alta tensión o los aparatos de radio AM y FM.

Un poco más a la derecha en el espectro, tenemos los microondas o incluso los teléfonos inalámbricos. Pues bien, entre estos dos dispositivos de uso tan común en nuestro día a día, se encuentran las tan denostadas Redes de Acceso Inalámbrico (WLAN).

Es más ‘peligroso’ estar sometido a la luz de las bombillas o ver la televisión, que a nuestros dispositivos de red inalámbrica

Como se puede observar, es más “peligroso” estar sometido a la luz de las bombillas o ver la televisión, que a nuestros dispositivos de red inalámbrica, y actividades que hacemos a diario resultarían ser mucho más dañinas de lo que pensamos. Y, ninguno de nosotros está dispuesto a leer bajo la luz de una vela o a dejar de estar informado a través de la televisión o la radio.

Como siempre, el peligro viene determinado por el tipo de radiación y por el tiempo de exposición. A diario nos exponemos a fuentes de emisiones, algunas de ellas ionizantes, pero en proporciones tan bajas que resultan inofensivas y, por el contrario, todos sabemos lo que pasa cuando nos exponemos demasiado al sol.

En definitiva, lo que se quiere transmitir en este artículo es que, como todo en esta vida, todo ha de tomarse en su justa proporción. No podemos vivir despreocupados ante cierto tipo de radiaciones, pero desde luego, aquellas que hacen nuestra vida digital más fácil no son las que nos tienen que quitar el sueño.