Por Miguel Ujeda Gálvez, Director de Pedagogía y Formación de ieducando

La diversidad de los modelos de aprendizaje en los centros educativos de nuestro país, comienza a ser indicativa de que el cambio educativo se está interiorizando como una dinámica de crecimiento institucional y desarrollo profesional. Algunos es cierto que abrazan el cambio con recelo y más como una estrategia de marketing y posicionamiento en el competitivo “mercado” educativo, que porque crean que realmente el único camino es caminar hacia delante movilizando al propio equipo docente.

La flexibilización de la metodología, la inclusión de tecnología y el enriquecimiento del tradicional rol docente está creando nuevas experiencias de aprendizaje. De hecho, aquellos que vivimos la escuela como estudiantes hace unos años, sentimos envidia de lo que algunos niños y jóvenes tienen la oportunidad de disfrutar hoy día en algunos colegios.

Sin embargo, sigue habiendo muchas instituciones que caminan hacia delante sin dejar de mirar atrás; con una falta de liderazgo claro que compromete el desarrollo profesional de sus equipos educativos, la confianza de las familias y, desde luego, el aprendizaje de los alumnos.

¿Y por qué ocurre? Porque para liderar, no basta con gestionar; uno ha de saber dónde quiere ir y transitar el desierto de las preguntas incómodas, estar dispuesto a abrir la reflexión a otros que sabes que no piensan como tú y a asumir que no hay ningún manual para transformar tu escuela con fidelidad creativa al legado recibido.

Y esto último no tiene que ver con las adherencias de las manías, usos y costumbres instaurados a lo largo del tiempo. Y tampoco tiene que ver con la defensa del pedigrí institucional haciendo distinciones entre los educadores considerados “uno de los nuestros” o alguien que no ha comido esa cultura hasta ahora. De hecho, en las conversaciones “off the record” que suelo mantener con educadores que ejercen cargos directivos aparece un deseo recurrente que expresan más o menos así: “A veces pienso que sería mejor tirar al suelo el colegio y comenzar de nuevo”. Pero me temo que las paredes no suelen ser el problema. Hay muros y grietas en la cultura de un centro mucho más relevantes que no se derriban mazo en mano. Es un problema de física cultural; en concreto de inercia.

La determinación, ilusión y dinamismo -siempre incómodo y difícil de gestionar- son la clave. El contagio y la firme convicción por recorrer un camino del que ya tenemos evidencia suficiente para saber que mejora el aprendizaje, son el complejo vitamínico que necesitamos. Eso y salir de la trinchera para exponerse al descubierto, hablando con otros educadores, conociendo otras instituciones, y creando antes de copiar, sólida reflexión y discernimiento colectivo porque todos sabemos que la innovación no se puede importar. Hay que gestarla porque no es como la ropa; no se la pone uno encima.

Alguno a estas alturas del artículo pensará: “todo eso está muy bien, pero los profesores estamos cada día más sobrecargados. ¿Cuándo va a parar o estabilizarse esto?” No va a parar nunca y por eso necesitamos innovación tanto como comer y buscar socios educativos, empresariales y tecnológicos que nos permitan enriquecer nuestra reflexión y fluir en una cultura que cada vez es más líquida.

Algunos creen que la “lucha” educativa está entre la mal llamada “Escuela Pública” y la infrafinanciada “Escuela Concertada” o incluso “La Privada”, que por cierto también canalizan el derecho a la educación de las personas en todo el mundo. Esa lucha es viejuna y me temo que sólo tiene interés político, no educativo. La verdadera “lucha” está entre escuelas con proyecto educativo capaz de afrontar los retos competenciales de nuestro siglo, y la que no lo son, independientemente de su color, modelo de financiación o convenio colectivo que rija por debajo. En las primeras los educadores y alumnos, acuden al centro con ganas y porque les resulta interesante y, en las segundas, casi todos miran el reloj frecuentemente deseando salir de allí.

¿Y tú, a qué escuela te gustaría pertenecer? El cambio y la innovación no es que sean necesarios, es que es el modo en que nos desarrollamos.