Llega la revolución a Google Sites

Llega la revolución a Google Sites

Recientemente, Google anunció la futura transformación de su herramienta Sites y ofreció a la posibilidad de que, aquellos que lo solicitaran, probaran las nuevas características e interfaz de la aplicación gracias al Programa de Adopción Temprana.

La noticia ha corrido como la pólvora y, con la misma rapidez, se ha agotado la posiblidad de formar parte de este selecto grupo. De hecho, en la web oficial, se informa de la incapacidad de aceptar nuevos participantes debido a que el cupo ya se encuentra completo.

Pero, ¡no hay problema! A continuación desgranamos todo lo que podréis encontrar en el nuevo Google Sites, el cual estará disponible en 2017:

  • Diseño responsive:

Esta primera novedad, permitirá que los sites se adapten a cualquier dispositivo desde el que se visualicen, ya sea un monitor de PC, smartphone, tablet, etc. Se respetará la relación de aspecto pero siempre conservando las funcionalidades de la página.

Para lograrlo, el nuevo Sites ofrece temas y plantillas que permitirán ahorrar tiempo de cara a la decisión de estructurar el contenido.

Parece ser que Google ha escuchado a los usuarios, ya que esta es una de las quejas principales de la actual versión de Sites. Esta modificación puede venir dada por la cada vez más creciente consulta la información desde múltiples dispositivos.
 

  • Edición de contenido más fácil

Esta nueva versión, también será más intuitiva en su uso.

A la hora de editar, diremos adiós a los menús desplegables y las ventanas emergentes ya que, mediante el sistema “Drag and drop” (arrastrar y soltar), podremos añadir contenido a nuestro site, cambiar el ya existente o reorganizar los elementos de manera fácil y rápida.

Por suerte, esta simplicidad también se aplicará a la modificación del tamaño de imágenes y a sus propiedades, así como a otros elementos multimedia.

 

  • Colaboración en tiempo real

En el actual Sites, varias personas pueden tener permisos para editar la página pero no pueden hacerlo todos a la vez sino sólo cuando la persona que está trabajando en ella guarda los cambios y sale del modo edición.

Por el contrario, el nuevo sites ofrece colaboración en tiempo real, similar a la que ya disponen otras herramientas como Docs, Hojas de cálculo, Drive… De este modo, todos los editores podrán modificar la página al mismo tiempo y visualizar los cambios de otros usuarios al instante.

Como se ha dicho anteriormente, esta renovación tendrá lugar en 2017 pero ¡que no cunda el pánico! Una vez que esta versión esté disponible para el público general, Google abrirá un período de adaptación de un año para que los propietarios de los actuales Sites muevan su contenido a esta nueva versión. Durante este período, el tradicional Sites seguirá funcionando como hasta ahora.

 

En definitiva, Sites estaba pidiendo a gritos una renovación que ofreciera nuevas posibilidades y que se ajustara más al mundo en el que nos desenvolvemos a diario, y parece que el gigante tecnológico ha escuchado nuestras plegarias. Estamos convencidos de que, una vez que la versión definitiva esté en nuestras manos, nos dará muchas más sorpresas.

En el siguiente vídeo podéis comprobar todo lo que Sites nos ofrecerá a partir del próximo año.

El reloj de las escuelas

El reloj de las escuelas

Por Miguel Ujeda Gálvez, Director de Pedagogía y Formación de ieducando

La diversidad de los modelos de aprendizaje en los centros educativos de nuestro país, comienza a ser indicativa de que el cambio educativo se está interiorizando como una dinámica de crecimiento institucional y desarrollo profesional. Algunos es cierto que abrazan el cambio con recelo y más como una estrategia de marketing y posicionamiento en el competitivo "mercado" educativo, que porque crean que realmente el único camino es caminar hacia delante movilizando al propio equipo docente.

La flexibilización de la metodología, la inclusión de tecnología y el enriquecimiento del tradicional rol docente está creando nuevas experiencias de aprendizaje. De hecho, aquellos que vivimos la escuela como estudiantes hace unos años, sentimos envidia de lo que algunos niños y jóvenes tienen la oportunidad de disfrutar hoy día en algunos colegios.

Sin embargo, sigue habiendo muchas instituciones que caminan hacia delante sin dejar de mirar atrás; con una falta de liderazgo claro que compromete el desarrollo profesional de sus equipos educativos, la confianza de las familias y, desde luego, el aprendizaje de los alumnos.

¿Y por qué ocurre? Porque para liderar, no basta con gestionar; uno ha de saber dónde quiere ir y transitar el desierto de las preguntas incómodas, estar dispuesto a abrir la reflexión a otros que sabes que no piensan como tú y a asumir que no hay ningún manual para transformar tu escuela con fidelidad creativa al legado recibido.

Y esto último no tiene que ver con las adherencias de las manías, usos y costumbres instaurados a lo largo del tiempo. Y tampoco tiene que ver con la defensa del pedigrí institucional haciendo distinciones entre los educadores considerados “uno de los nuestros” o alguien que no ha comido esa cultura hasta ahora. De hecho, en las conversaciones "off the record" que suelo mantener con educadores que ejercen cargos directivos aparece un deseo recurrente que expresan más o menos así: "A veces pienso que sería mejor tirar al suelo el colegio y comenzar de nuevo". Pero me temo que las paredes no suelen ser el problema. Hay muros y grietas en la cultura de un centro mucho más relevantes que no se derriban mazo en mano. Es un problema de física cultural; en concreto de inercia.

La determinación, ilusión y dinamismo -siempre incómodo y difícil de gestionar- son la clave. El contagio y la firme convicción por recorrer un camino del que ya tenemos evidencia suficiente para saber que mejora el aprendizaje, son el complejo vitamínico que necesitamos. Eso y salir de la trinchera para exponerse al descubierto, hablando con otros educadores, conociendo otras instituciones, y creando antes de copiar, sólida reflexión y discernimiento colectivo porque todos sabemos que la innovación no se puede importar. Hay que gestarla porque no es como la ropa; no se la pone uno encima.

Alguno a estas alturas del artículo pensará: "todo eso está muy bien, pero los profesores estamos cada día más sobrecargados. ¿Cuándo va a parar o estabilizarse esto?" No va a parar nunca y por eso necesitamos innovación tanto como comer y buscar socios educativos, empresariales y tecnológicos que nos permitan enriquecer nuestra reflexión y fluir en una cultura que cada vez es más líquida.

Algunos creen que la “lucha” educativa está entre la mal llamada “Escuela Pública” y la infrafinanciada “Escuela Concertada” o incluso “La Privada”, que por cierto también canalizan el derecho a la educación de las personas en todo el mundo. Esa lucha es viejuna y me temo que sólo tiene interés político, no educativo. La verdadera “lucha” está entre escuelas con proyecto educativo capaz de afrontar los retos competenciales de nuestro siglo, y la que no lo son, independientemente de su color, modelo de financiación o convenio colectivo que rija por debajo. En las primeras los educadores y alumnos, acuden al centro con ganas y porque les resulta interesante y, en las segundas, casi todos miran el reloj frecuentemente deseando salir de allí.

¿Y tú, a qué escuela te gustaría pertenecer? El cambio y la innovación no es que sean necesarios, es que es el modo en que nos desarrollamos.

 

¿A todos les gusta la miel?

¿A todos les gusta la miel?

Por Miguel Ujeda, Director Pedagógico ieducando

Los profesionales de la educación vemos con cierto asombro como de repente prolifera la vocación educativa en la misión de muchas empresas, hasta ahora alejadas de este mundo educativo. A veces el asombro cuaja en admiración al ver propuestas que, además de sinceras, se aproximan a la educación con respeto y con voluntad cierta de mejorar su necesario camino hacia el cambio. VIsiones abiertas y generosas que aunque realmente no lleguen a comprender la complejidad de las instituciones educativas y sus retos, son un buen soporte y partner tecnológico. Otros por el contrario, se acercan a la educación buscando un retorno casi inmediato y aprovechando los espacios de incertidumbre que permiten colocar propuestas de valor tan rentables como peregrinas. Y lo de “peregrinas” no es porque sean malas ocurrencias, sino porque no tienen vocación de quedarse mucho tiempo y fuerzan a los centros y sus educadores a un tránsito hacia no se sabe muy bien dónde.  

La educación siempre ha sido como un bote de miel y todos sabemos que quien toca el bote se “pringa”. Muchos han llegado a la educación por el bote, pero descubren que les gusta la miel. Poco a poco quedan cautivados por la magia y la intensidad con la que suceden las cosas y mudan de traje e incluso de piel para quedarse en la educación, aún después de probar otras artes más lucrativas. Otros por el contrario, siguen con el bote, fingiendo que les gusta la miel porque en realidad cuando se disuelve edulcora; descubren que en realidad la educación podría  ser un negocio  rentable.  Pero en realidad, ni siquiera les motiva el increíble proceso de elaboración que protagonizan nuestras amigas, las abejas (educadores), ni el reto al que se enfrentan nuestros alumnos al sentar las bases de su futuro.

Y mi queja, compartida con algunos cercanos, es precisamente esta: veo demasiados recién avenidos con interés en el bote cuya propuesta se centra precisamente en el cambio de envase para hacerlo menos “pringoso” y más eficiente, pero en muchos casos sin sentido pedagógico más allá de saber citar 3 o 4 tendencias del cambio metodológico o el tan manido discurso de las inteligencias múltiples o el aula invertida.

Se nota mucho cuando tienes delante propuestas con “postizo” para cubrir las calvas, y perdón por la imágen por si alguien se siente ofendido.  Siempre he pensado que lo que uno tiene y es, mejor llevarlo al descubierto y de manera honesta. Por eso, que la miel de repente guste a todo el mundo, no me lo creo.

Últimamente se convocan innumerables eventos, jornadas y congresos con vocación de trending topic donde el humo es la forma en que se subliman generalidades sin base real educativa ni demasiada reflexión pedagǵocia. Y no es que defienda que para hablar de educación haya que ser experto, porque es una cuestión que afecta a todos, y las aportaciones que se nos realizan desde el mundo de la empresa, de las artes o incluso del deporte son, no sólo valiosas, sino en muchos casos imprescindibles. Pero quizá el lector convenga que hay determinados foros en los que quien se sitúa en la tarima como experto en educación, realmente ve los toros desde la barrera. No se me entienda mal, no porque no de clase, sino porque no sabe lo que se cuece de veras en un colegio.

Reivindico que las apuestas por la educación tienen que ser sinceras, honestas y abiertas para todos. De hecho invito a dudar de quienes fabricaron botes con precinto y licencia y ahora le añaden la pegatina de “gratis” en un entramado de productos y servicios que requieren un mapa para saber si puede ser un buen compañero de viaje. Y lo contrario,  animo a confiar en quien al menos fue apicultor o que le encanta la miel y siempre fue así o su apuesta por la educación siempre fue abierta y para todos, independientemente de que haya sido más o menos intensa. ¿No puede haber conversos entonces? Claro que sí, pero posiblemente estos conversos tengan que pagar el titubeo o el desatino con el que se acercaron a la educación con cierta desconfianza por parte de los centros. Con ello deben contar y también con demostrar, antes siquiera de dar los buenos días, que van en serio y la educación les importa.

La fiebre del hierro

La fiebre del hierro

Por Miguel Ujeda, Director Pedagógico ieducando

La mayor parte de instituciones educativas saben que en los próximos 5 años se juegan mucho. Algunas de ellas se lo juegan todo y puede incluso que desaparezcan. Otras, todavía muy seguras de su fortaleza no llegan a ver que “a todo cerdo le llega su San Martín” y que precisan de algo más que un buen nombre y unas curiosas instalaciones para que su propuesta de proyecto tenga sentido en un futuro.

Precisamente de eso va el futuro, de que las instituciones tengan sentido más allá de quién ostente su titularidad. Aunque siempre habrá espacio para instituciones que únicamente pretenden “cubrir el expediente” o que apliquen el rodillo del currículo con más pena que gloria, para sus estudiantes.   

A pesar de que existen numerosos referentes en el mundo y tendencias pedagógicas que por fin han llegado a tocar suelo y transformar escuelas, el proceso de cambio y transformación con fidelidad a la propia historia y al mismo tiempo con creatividad, no es en absoluto sencillo.

Entusiasmo no falta y gracias a que la mayor parte de instituciones cuentan con educadores que por lo general están muy vocacionados, no sólo hay voluntad de cambio, sino que hay mucha gente implicada en el mismo. Pero también es evidente que la mirada es a la arena, no al tendido y el esfuerzo se concentra a corto plazo; la mayor parte de educadores son hombres y mujeres de acción, sin embargo, ahora más que nunca hace falta educadores con visión y sentido pedagógico colectivo para poder proyectarse al futuro sin dejarse embaucar por los cantos de sirena del momento.

Uno de estos cantos es el de la innovación camuflada de dispositivos electrónicos. Muchos colegios confunden el tocino con la velocidad y a pesar del gran fracaso de la escuela 2.0, donde el la fiebre del hierro colapsó el cerebro de algunos políticos en este país, se sigue creyendo que un dispositivo tecnológico casi por sí mismo trae consigo bajo el brazo el pan del cambio y la transformación educativas.

La fiebre del hierro es precisamente comenzar el proyecto por los la concreción de la herramienta, en lugar de construir una visión. Es verdad que algunos sienten tal atracción por la marca de la herramienta en cuestión que casi estarían dispuestos a bordar su escudo en el uniforme escolar.

Sin embargo, aunque la tecnología es una de las piedras angulares de un proyecto educativo,  los que llevamos tiempo a vueltas con la tecnología en instituciones educativas, sabemos que el mejor dispositivo es el que permite hacer lo que deseamos molestando lo menos posible.

La invitación es a integrar lo que antes eran los proyectos TIC  en el núcleo de la reflexión educativa y en la estructura de toma de decisiones de las organizaciones, no como recurso técnico, sino como parte del mismo.

Es una pena ver cómo algunos centros con un sólido proyecto y con una adecuada visión e integración de la tecnología, son frenados y casi penalizados por quien al final toma las decisiones, sin ningún criterio al respecto. Y hoy, es paralizante dirigir una institución tan compleja como un centro educativo si te da lo mismo a nivel tecnológico ocho que ochenta y la toma de decisiones  en este ámbito es de oídas o en base a creencias más  que a datos. 

Sin tecnología no es posible escalar la innovación, atender la diversidad del alumnado, mantener una buena comunicación con las familias, tractorar proyectos de aprendizaje cooperativo o aplicar metodología flipped classroom, por poner algunos ejemplos. Tampoco es posible democratizar los procesos de desarrollo profesional y las oportunidades de aprendizaje y centrar el foco en nuestros alumnos.  

Una buena solución es buscar ayuda fuera, aunque tengamos recursos dentro. Abrir las ventanas hace entrar un fresquito muy bueno para todos, aunque a veces sea algo incómodo. Aprovecha que la gente en educación suele ser generosa para compartir sus aprendizajes y que algunas empresas sí que apuestan por la educación de manera sincera. También es cierto que otras no dudan en sacar la billetera para “donar” recursos con tal de que les escojas a ellos o bien camuflan su interés férreo con discursos muy elaborados donde la tecnología cobra además tintes de privilegio. Y los privilegios de unos pocos estudiantes, no cambian la educación de todos.


Siempre pensaré que la mejor tecnología en educaciĺon es aquella que es abierta y flexible porque, ¿quién sabe la tecnología que necesitarán nuestros alumnos mañana?