por Carlos Represa Estrada, Digital Identity Manager de ieducando

En junio del año 2011 redactamos y presentamos en el Congreso de los Diputados un informe/proyecto que sirvió para constituir la subcomisión parlamentaria para el estudio de las Redes Sociales y los Menores, abordando el legislador español por primera vez los enormes retos socioeducativos que la inmersión digital de los niños, sí, pero sobre todo del sistema educativo español, iba a tener que afrontar en un sistema de colegios con graves carencias de infraestructuras y escasa preparación del profesorado.

En aquella época, mi querido amigo José Antonio Luengo ideaba y ponía en marcha ya un proyecto maravilloso que con el nombre de “Alumnos Ayudantes TIC” supuso una auténtica revolución en los sistemas de mejora de la convivencia en cuanto herramienta de prevención, detección y respuesta ante casos de acoso, ciberacoso y violencia de género digital.

El Instituto para la Ciberseguridad del Ministerio de Industria (INCIBE), desarrolló con los fondos obtenidos por el proceso de trabajo parlamentario, todo un repertorio de materiales educativos de amplio recorrido y muy escaso uso, pero que sin duda supusieron un antes y un después en la llegada de los contenidos educativos en ciberseguridad y uso responsable de la Red para los centros escolares.

Pero faltaba sin duda el hito más importante y en el que tanto he insistido durante todos estos años: la participación activa, sistemática y permanente tanto del docente de aula como del alumno como protagonista de su propio aprendizaje. Mucho más aún, del alumno como sujeto activo y pasivo de una auténtica revolución social digital donde al adulto se constituye como un observador perplejo que pretende dar respuestas tradicionales a preguntas y problemas que en muchas ocasiones escapan de su capacidad de comprensión porque no las ha vivido ni creado.

Las metodologías activas, la clase invertida, el trabajo cooperativo o la colaboración en red han llegado para quedarse en la educación en un proceso donde la transformación digital del centro y el profesorado no es ya una opción, es una necesidad imperiosa que afecta a todas y cada una de las áreas de desarrollo intelectual y emocional de nuestros menores. Hay que dejar de engañarse y engañarnos de una vez, la revolución digital ha llegado para quedarse y la aceptación de la “inteligencia digital” como la octava (o novena) dimensión de Howard Gardner es sólo cuestión de tiempo, así como la constatación científica de los cambios fisiológicos y neuronales que va a experimentar el cerebro de las futuras generaciones.

Primero llegaron las máquinas, luego la Red estática. Y ya teníamos las TIC en los colegios. Más tarde llegó el Plan Director de Seguridad. Y ya teníamos a nuestros hijos seguros. Y ni una cosa ni la otra, claro, ya lo avisamos de forma expresa allá por el 2011. Pero asistimos, eso sí, a una verdadera explosión de charlas, exposiciones, voluntariados diversos y todo tipo de Powerpoint y PDF más o menos coloridos o divertidos. Pero de nuevas competencias digitales que nos capaciten para analizar, evaluar y crear poco, muy poco.

La llegada a la educación de los grandes actores y players de la sociedad de la información en entornos dinámicos cloud y web 3.0 apuesta de forma inequívoca por el desarrollo de las habilidades digitales de los docentes de forma que pueden ser utilizadas en su labor diaria en las aulas, rediseñando de forma integral el concepto de “innovación” educativa al tiempo que abre la posibilidad de naturalizar metodologías activas y disruptivas con respeto absoluto a los objetivos curriculares y de contenidos establecidos en las leyes actuales.

por cierto, no sería exagerado decir que son leyes diseñadas y pensadas por legisladores evidentemente ‘analógicos’, que en su vida familiar como padres forman parte de ese estrato social definido como “observadores perplejos” pero que luego en su desempeño profesional experimentan una mutación intelectual que transforma el concepto autoridad en “conocimiento.

Y es en este contexto donde la expresión “el alumno como centro del aprendizaje” adquiere una nueva dimensión precisamente por las enormes oportunidades que esta revolución educativa proporciona a nuestros hijos de participar activamente, no sólo en las nuevas formas de adquisición de conocimientos, sino y, especialmente, en la creación y transmisión de los mismos.

El proyecto School Guides de ieducando es precisamente la expresión y manifestación más directa del nuevo papel que los alumnos van a desempeñar en los nuevos procesos de enseñanza y de la esencial labor que los centros escolares y los docentes pueden ejercer en la mejora de la convivencia escolar y social.

Un proyecto de aprendizaje/servicio en ciudadanía digital ética donde el alumno aprende, crea, comunica y adquiere habilidades que desarrollará y utilizará a lo largo de toda su vida académica, profesional, social y familiar. Y un proyecto donde el colegio recupera el protagonismo proactivo en la propuesta de valores y convivencia integrando familia, docentes y alumnos.

Es para mi un privilegio y un placer presentar el proyecto School Guides ieducando.