por Carlos Represa Estrada, Digital Identity Manager de ieducando

¿Qué tiene que ver esto con PISA?

Contextualización. Para todos aquellos que no me sitúen profesionalmente, soy director del área de Identidad Digital de ieducando, empresa de consultoría educativa de carácter tecnológico y presidente de la Asociación Nacional para la Protección de Menores en Internet. El desarrollo de mi día a día profesional, por tanto, se produce fundamentalmente en entornos escolares con intensos procesos de digitalización e innovación metodológica donde “aprender a aprender” se convierte en habilidad esencial de mi supervivencia laboral.

Por tanto es comprensible que mi visión sobre el Reglamento de Protección de Datos y la implantación que se está realizando en los centros educativos esté fuertemente condicionada por ese especial conocimiento interno adquirido, o en fase de adquisición permanente.

Una vez realizada la correspondiente precisión, procedo a analizar la relevancia que el Delegado de Protección de Datos debe adquirir en los centros educativos a medida que el RGPD vaya penetrando en la sociedad y en la educación.

1.- Obligatoriedad. El DPD (o DPO por sus siglas en inglés) es de obligada contratación en todos y cada uno de los centros, conforme al RGPD y el ante proyecto de nueva LOPD que será aprobada en el Congreso antes de fin de año (esperamos).

El delegado puede ser interno (en plantilla) o externo; pero debe existir, ser nombrado de forma oficial y comunicarse a la AEPD.

La relevancia de esta nueva figura queda de manifiesto en su carácter independiente, adscrito a la dirección general y no removible por las decisiones adoptadas en el ejercicio de sus funciones.

2.- El RGPD es fundamentalmente una norma de cultura digital, un sólido andamiaje que va a definir de forma clara y precisa los límites estructurales de internet para la correcta protección de los derechos y libertades fundamentales del ciudadano europeo. No hay mejor prueba de esta afirmación, que observar el terremoto causado en el holding “zuckerberg”.

3.- Entiendo que es pacífico entre la docencia aceptar que el sistema educativo español:

             a. Está fuertemente politizado (al fracaso de los pactos de educación me remito).

             b. Los estudiantes españoles son buenos en aquello que es menos relevante para la sociedad de la información: memorización y automatización.

             c. Son, por el contrario, débiles en la resolución de problemas y en los procesos complejos de pensamiento necesarios para aplicar conocimientos a situaciones no conocidas.

4.- Uno de los retos principales que va a acompañar tanto al RGPD como a la cascada de nuevas normas que irán llegando para regular Internet (Derechos de autor, etc.) será la traslación de sus contenidos sustantivos a las prácticas habituales de uso y navegación de ciudadanos en general y alumnos en particular, transversal y capilarmente, de forma y manera que los descriptores 4 y 5 del Marco Común de Competencia Digital (Seguridad y Resolución de Problemas) adquieran la relevancia adecuada y necesaria en el horizonte de digitalización de los centros educativos que ya han iniciado su andadura imparable. Y con ello, sentar las bases de conocimiento imprescindible que todos los alumnos deben adquirir con carácter previo y permanente a su navegación y vida en la Red.

Pero con PISA nos hemos topado. 

Mira tú, otra vez.

“Adquisición de competencias y habilidades blandas para la resolución de problemas complejos donde habrá que aplicar conocimientos a situaciones no conocidas”.

Oooops, justo donde el sistema educativo español parece ser que tiene más problemas.

En consecuencia, dos son los enfoques que podemos dar a la implementación del Delegado de Protección de Datos y del Reglamento en el sector educativo:

ENFOQUE 1

Entender que el delegado de protección de datos en los centros educativos debe constituirse como elemento integrador de la cultura y la competencia digital en Red fomentando los principios fundamentales de empatía, respeto y resto de valores que sustentan una adecuada ética digital.

En este caso el sentido común apostaría por un profesional con perfil jurídico-pedagógico y metodológico de carácter interno.

ENFOQUE 2

Entender que el DPD debe ser un simple garante supervisor/asesor del cumplimiento de una serie de requisitos formales y documentales que establece el Reglamento Comunitario de Protección de Datos y que a la vez se ocupe de que profesores y alumnos memoricen adecuadamente las normas y prohibiciones pertinentes.

Campo abonado entonces para las famosas consultoras ex LOPD de “te mando los formularios y consentimientos cobrándolos al peso (si puedo estafando a FUNDAE)” y no se te ocurra preguntarme por las aplicaciones digitales educativas que yo me quedé en el libro de texto.

¿Y qué enfoque es el que observamos está empezando a prevalecer?

Pues a pesar del poco tiempo transcurrido, hay ya indicios y evidencias de que es el enfoque 2 el que comienza a prevalecer, siendo necesario para el análisis distinguir entre centros públicos o privados/concertados.

Sector público. De acuerdo con la información que nos transmiten desde los CEIP e IES de las diferentes comunidades hasta la fecha actual las acciones más significativas que se están realizando son:

  • Envíos de PDF con recomendaciones, decálogos y aspectos normativos.
  • Nombramientos de DPD en la propia consejería para dar servicio a TODOS los centros.
  • Tímidas formaciones enfocadas a conocimiento de los preceptos técnicos y documentales.
  • Desorientación absoluta de los docentes ante el uso de tecnologías digitales avanzadas que exigen tratamientos de los datos de los alumnos.
  • Ninguna capilaridad a alumnos y familias.

Sector privado/concertado

  • Contratación de las famosas consultoras ex LOPD.
  • Acciones limitadas a modificación documental y actualización de consentimientos.
  • Escasa o nula formación de relevancia.
  • Desorientación absoluta de los docentes ante el uso de tecnologías digitales avanzadas que exigen tratamientos de los datos de los alumnos.
  • Ninguna capilaridad a alumnos y familias.

Una vez más, estoy teniendo que adoptar mi perfil de observador perplejo y atónito ya que sin duda nos encontramos ante un nuevo reto educativo planteado por la cuarta revolución industrial en la era de Internet, cuya resolución exige la adopción de decisiones importantes, que no urgentes, y que, o mucho me equivoco, o ya hemos errado con el planteamiento inicial.

Veremos lo que pasa.