por Michael Thomas Bennett, Técnico de Desarrollo Profesional en ieducando 

Todos somos conscientes del lugar que ha ocupado Youtube en nuestro día a día: recurrimos a esta plataforma para aprender cosas bien sea para cocinar un plato o tejer, acudimos incluso para buscar y reproducir una canción (en lugar de utilizar otras plataformas específicas de música como Spotify), buscamos nuestras películas y series favoritas, vemos documentales, noticias y un largo etcétera de vídeos. Y si fuera poco, ha aparecido una figura nueva en la sociedad que es el youtuber, quien se gana la vida haciendo vídeos. De hecho, cada vez se oye más a los jóvenes declarar que quieren ser youtuber de mayor.

Hay distintos perfiles de youtubers y el que nos concierne para este artículo son los que generan materiales didácticos, bien puramente divulgativos o bien más técnicos y/o explicativos. El pasado 19 de junio tuve el placer de asistir al primer evento de Youtube en Educación en España donde convergieron los ámbitos de la educación formal y no formal. Entre los ponentes había profesores referentes como Miguel Ujeda, César Poyatos y Chema Lázaro mientras que por parte de la educación no formal (los youtubers) pudimos escuchar a Quantum Fracture (Ignacio Crespo), Jaime Altonazo y La Cuna de Halicarnaso (José Antonio Lucero), entre otros muchos. Desde luego el encuentro fue realmente enriquecedor y me fui a casa con muchas ideas en la cabeza.

Creo, y creemos todos en ieducando, que la tecnología está y debe estar, al servicio del profesorado y del proyecto educativo del centro. La tecnología no ha llegado a reinventar la pedagogía pero con su llegada se puede profundizar en diferentes aspectos pedagógicos en maneras que antes no era viable. En este artículo quiero compartir algunas reflexiones que, además, he tenido la ocasión de discutir con los amigos previamente mencionados.

Los canales de los profetubers crecen cada vez más debido a que los alumnos del sistema educativo acuden con más frecuencia a sus canales para aprenderse los contenidos y los conceptos curriculares que ven en la escuela. Estos divulgadores hacen su labor muy bien, como señala Chema Lázaro, utilizando estrategias para captar y mantener la atención de su audiencia como el humor, la sorpresa, la música y la narrativa. En muchas ocasiones, vinculan los contenidos con aspectos de la vida cotidiana, algo que trata de hacer nuestro cerebro de por sí, y con ello logran que entendamos estos contenidos nuevos y, en algunas ocasiones, abstractos. Sus vídeos resultan ser material didáctico muy rico para los estudiantes y como profesores debemos aprovecharlo.

Coincido con César Poyatos cuando dice que la tecnología, y en este caso los recursos audio-visuales, no van a re-emplazar a los profesores ni muchísimo menos. El profesor posee conocimientos pedagógicos que trascienden los contenidos curriculares y el contacto humano es algo fundamental en el proceso de aprendizaje. Lo que nos permite la tecnología es generar una estructura de clase, de trabajar en aula, que facilita la posibilidad de poner el foco de la labor docente en las cuestiones que no tienen tanto que ver con la transmisión de los contenidos. Creo firmemente en el enfoque pedagógico “Aprender Haciendo” pero desde luego no discuto que para saber hacer, hay que saber. No obstante, el techo académico, los objetivos de aprendizaje, no deben quedarse en solamente el saber, sino llegar a un nivel competencial habiendo asegurado consolidar el nivel de conocimiento de los alumnos.

Con esta premisa por delante, quiero plantear la siguiente estructura de clase que, bajo mi punto vista, llegará a ser lo más habitual en las escuelas según vaya avanzando y mejorando la tecnología. Estamos todavía lejos y, aunque hay centros educativos que cada vez se acercan más a ella, falta mucho para que sea accesible para todos.

Los canales de youtubers tienen muchos vídeos y lo primero que habría que hacer sería realizar un proceso de curación de contenidos y ordenarlos de alguna manera. En Youtube cada uno mismo se puede generar listas de reproducción, agrupando de este modo diferentes vídeos por tema. Con este proceso, uno casi se está haciendo un libro de texto, pero siendo una colección de recursos audiovisuales que, a priori, resultan más digeribles para el alumnado. No considero que éste deber ser el único formato, ni en broma, sino buscar un equilibrio entre texto y vídeo para que el alumnado trabaje con diferentes vías de adquisición potenciando así este proceso. Estas listas de reproducción, o simplemente vídeos sueltos, se puede alojar en un Site de Google, por ejemplo, que tenga un profesor para su asignatura o incluso en un Site de curso con diferentes páginas para cada asignatura. El cómo estructurar los recursos en realidad es decisión de cada profesor y/o equipo de profesores.

Este Site serviría como una especie de Netflix o Spotify, para los alumnos en el que podrían acceder a los recursos que quieran en el momento que quieran. Esto es tremendamente poderoso y nos permite hacer muchas cosas a nivel de aula. Sobre todo permite a los alumnos trabajar los órdenes de pensamiento inferior (identificar, recordar y comprender) de manera autónoma, pudiendo recurrir a la información teórica en cualquier momento. Esto permite al profesor trabajar mano a mano con el alumnado en tareas que son de órdenes de pensamiento superior (analizar, evaluar y crear). Esto es uno de los fundamentos del modelo Flipped Classroom que tanto se escucha en eventos educativos y en realidad es muy interesante lograr esta situación. Pero no creo que el modelo de Flipped sea del todo viable. Siempre me he preguntado; ¿Qué pasaría si todas las asignaturas estuvieran invertidas? ¿Los alumnos tendrían que verse o leer 20-30 minutos de cada asignatura para el día siguiente?

Pero con nuestro Netflix, estos materiales son accesibles también desde el aula. De modo que si estructuramos la clase por rincones (el trabajo por rincones es una metodología utilizada por excelencia en la etapa de infantil pero que cada vez se ve más en los espacios Co-Working que tanto están de moda), podríamos tener un rincón de “biblioteca” (algo ya bastante habitual) donde los alumnos podrían consultar lo teórico y otros rincones, o espacios, del aula donde aplicasen esos conocimientos de una manera u otra realizando las actividades y ejercicios oportunos. Y con los avances de la IA y productos como Google Home, en un futuro podríamos contemplar un Chatbot educativo al que los alumnos podrían consultar sus dudas conceptuales y éste les dirigiría a los contenidos de nuestro Site que les sacaría de dudas. El profesor contaría con un asistente de aula que podría atender las dudas más “triviales” (en el sentido literal, ya que en verdad son datos) mientras ese profesor podría volcarse con los alumnos en tareas de, como hemos visto antes, órdenes de pensamiento superior.

De nuevo, estamos lejos de esta posibilidad ya que la interacción humana con los Chatbots deja mucho que desear. Además, en una estructura así, habría que inculcar un uso correcto de todos estos recursos y trabajar con los alumnos precisamente un hábito de trabajo para que pudiesen funcionar con este nivel de autonomía y allí está la importancia del profesor. La tecnología se convierte en su apoyo, está a su servicio y al servicio del alumno. Es solo una idea, una visión, del nuevo paradigma de la escuela donde no se debe contemplar la ausencia del profesor ni de la tecnología.

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